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Historia feliz de un tiempo triste: Capítulo 1

Estos son algunos apuntes tomados junto a mi amada esposa, desde el ocaso de mayo hasta los primeros días de octubre de 2016, decidimos empezar a registrar diversas reflexiones sobre lo que estamos viviendo. Lo hicimos a fin de contar con una herramienta que nos “refresque” la memoria y nos ayude a tener siempre presente que nuestro buen Dios: Se involucra personalmente en lo que nos está sucediendo; Permanece junto a nosotros, y Nos rodea de esa paz que sobre pasa todo entendimiento.

PREGUNTAS IMPERTINENTES:

Interrogantes cortos y sutiles golpean la puerta de nuestra mente, sus visitas las rechazamos al mantener inmóvil las bisagras de la fe y la esperanza, pero a pesar de no abrir la puerta, esas preguntas cortas y sutiles, se escurren por el hoyo de la cerradura cuestionándonos en el silencio de nuestra humanidad:

  • ¿Por qué a mí?
  • ¿Merezco vivir esto?
  • ¿Por qué Dios parece silente?

La tormenta causada por esta cruda enfermedad (hasta ahora una gastritis crónica), hace que la salud de mi amada se marchite poco a poco, sin embargo, nuestra buena actitud aún no ha sido permeada por la situación y esta manera de enfrentar las cosas, hace  que  aplastemos  esas  preguntas  cortas  y  sutiles,  enfocándonos  en   recordar historias lindas de tiempos felices, como nuestra época de novios en que nos preguntábamos cosas más alegres:

Lyda ¿Me haces un favor?
¿Qué clase de favor?
¿Quieres tenerme mis avioncitos durante todo el recreo?
¿Durante todo el recreo? Sí, es que tú eres mi ciel☺.
Jairo Aníbal Niño

De este modo, juntos sonreímos y hacemos que al menos por unos segundos brille en medio de la habitación del hospital, un pequeño arcoíris, formado por el optimismo que Dios nos permite tener; permanecer así no es fácil!, pero se logra por la constancia en la oración, la meditación de varios versos bíblicos y escuchar música con mensajes cristianos que nos edifican y fortalecen.

PREGUNTAS PRIMAVERALES:

¿Has soñado algún día con tener a tu lado a una maravillosa persona con quien compartir el resto de tu vida?
¿Una persona que te ayude a conocer más a Dios y a disfrutar de sus incontables bondades?
¿Alguien con quien siempre tienes tema de conversación?
¿Alguien junto a quien caminar lento?

Aquella  persona  a  quien besas  y  luego de  años  sigues  sintiendo  que  es como  los primeros días…

Alguien con quien pelear y luego reírse de esos motivos pueriles de discordia…

Una bella persona  con quien asumir retos  y  sobrepasar obstáculos tomados de la Mano…

Aquella que te impulsa a exigirte a dar una milla más…

Alguien con quien viajar, soñar, ganar batallas…

Alguien con quien aspiras llegar a la edad dorada, teniendo un poco todo lo dorado…

¿Tienes a una persona que sencillamente puede ser la luz de tus ojos?

La respuesta a estas preguntas en mi caso tienen una sola respuesta: María Lyda!!!

Mujer depositaria de un tesoro incalculable, una mujer sabia, prudente, visionaria, respetuosa de Dios y de sus principios, que en sus oraciones implora para que yo sea moldeable para cumplir la voluntad de Dios y quien me ayuda a interiorizar que:

“No es significativo el trabajo que yo haga para Dios; sino que tanto permito, que Él trabaje en mi vida en beneficio de otros”.

María Lyda, una mujer capaz de ir en contra corriente a la sociedad moderna, quien cambió la comodidad social que le daba su trabajo como ejecutiva de alto nivel, para ser feliz ayudando a que otras personas también sean felices. Primero de su hogar (Lukas, Pablo y yo) pero también de 200 niños y niñas por medio de la Fundación  Ahora Sí Bernardo, a través de la cual facilita muchos sueños, acerca a las personas con mejores oportunidades y así ayuda en la transformación de realidades.

Asumió con poca dificultad, el reto de hacer de su casa un hogar feliz, dejo de ser ejecutiva bancaria para vivir lo que en realidad es ser madre, mujer, hija, así eso le significara ser también: cocinera, niñera, maestra, lectora de cuentos, animadora, recreacionista, chofer, enfermera, consejera, vigilante, aseadora; entre otras muchas más labores.

¡María Lyda es por esto y mucho más, que mi corazón se deleita en tu amor!, quise escribir esto, pues en cada día que “sobrevivimos” a esta rara  enfermedad que  tienes, veo tu firmeza, tu confianza en Dios y sencillamente me inspiras a ser fuerte y permanecer a tu lado para juntos soportar esto que parece insoportable. Animo amor, animo!, pues estamos en las mejores manos, en las manos tiernas y puras de nuestro Buen Jesús, quien no va a permitir que nos pase algo que no podamos soportar.

EL CONTEXTO MEDICO

Estando por cumplir 7 años de feliz matrimonio, nació nuestro segundo hijo (Pablo) pero antes, al menos unos 240 días con sus noches, fueron permeados por una lluvia de intolerables dolores, quizás similares a recibir fuertes puños en la panza, varias veces cada hora. Así fue desde los primeros días y con el transcurso del tiempo se vino agudizando más, siempre nos dijeron que los dolores los causaba la misma naturaleza del embarazo, pero aun con el nacimiento de Pablo, los dolores continúan extrañamente ahí.

Los días son difíciles, pero con una y otra actividad se logra “distraer” un poco el dolor; al llegar la noche siempre guardamos la esperanza de poder reposar un poco, y sobre todo que al levantarnos ya todo hubiera pasado; mas no es así.

Con pequeños ojos, rodeados por marcadas ojeras; logramos aguardar el nuevo día, repasando una y otra noche los colores de que se sirve El Creador para pintar la  noche. Si algún día debieras pasar la noche en vela, fácilmente comprobarías como de la paleta de colores, Dios toma un extraño negro brillante para vestir la noche, luego como quien borra lo escrito en un tablero, desaparece el brillo, así que el negro se vuelve un escueto negro mate, luego toma un espeso y frío gris y lo vuelca sobre ese negro; entonces empieza a dar pincelazos de azul oscuro con unos destellos de gris claro; el cual finalmente se va tornando en un tono blancuzco al que llamamos alba.

La lluvia que vivimos, pronto se va convirtiendo en una tormenta que nubla el mundo primaveral en que vivimos, mientras junto a mi princesa tratábamos de hallar refugio bajo el paraguas de la oración pidiéndole a Dios que cambie esa situación sin embargo nos era necesaria la paciencia, pues tenemos claro que Él la puso ahí para cambiar algo de nosotros.

Bueno ahí estábamos, y seguimos tomados de la mano de Dios, quien como decía mi esposa: “capitanea el barco de nuestras vidas en medio de esta tormenta”; lo seguro es que no volveremos a ser iguales, así nos sintamos anegar, seguimos confiados en el capitán del barco.

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